La Jornada – Las lágrimas

Noticias

Antiguamente los caballos eran libres. Galopaban por la tierra sin que los hombres los desearan, los encerraran, los reunieran en los desfiles, los enlazaran, los apresaran, los uncieran a carros de guerra, los enjaezaran, los ensillaran, los herraran, los montaran, los sacrificaran, los comieran. A veces los hombres y los animales cantaban juntos. Los largos gemidos de unos provocaban los singulares relinchos de los otros. Los pájaros bajaban del cielo y acudían a picotear los restos entre las piernas de los caballos que sacudían sus magníficas crines, entre los muslos de los hombres que echaban hacia atrás sus cabezas, sentados en el suelo, alrededor del fuego, que comían ávidamente, ruidosamente, excesivamente, que golpeaban súbitamentesus manos en cadencia. Cuando el fuego se había apagado, cuando habían terminado de cantar, los hombres se levantaban. Porque los hombres no dormían de pie como lo hacían los caballos. Entonces limpiaban en el suelo las huellas de sus escrotos y de sus sexos, que se habían depositado allí. Volvían a subir a sus caballos y cabalgaban por toda la superficie de la tierra, por las orillas húmedas de los mares, por los bosques bajos y primarios, por los páramos ventosos, por las estepas. Un día, un hombre joven compuso este canto: ‘‘Salí de una mujer y me encontré frente a la muerte. ¿Dónde se pierde mi alma por la noche? ¿En qué mundo reside? Resulta pues que hay un rostro que nunca vi, que me persigue. ¿Por qué vuelvo a ver ese rostro que no conozco?’’
   
Fuente: https://www.jornada.com.mx/2019/03/17/cultura/a12n1vox?partner=rss    
La Jornada   
Noticias del diario mexicano La Jornada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *